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Envejecer rápido

Envejecer rápido

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Artículo publicado el 12 de marzo de 2016 en El Huffington Post

Seguro que la mayoría habéis sido testigos del envejecimiento acelerado de alguien al alcanzar su edad de jubilación. Este fenómeno que parecía reservado en exclusiva a las personas, ha empezado también a manifestarse en las organizaciones políticas. Una vez se incorporan a las instituciones empiezan a envejecer de forma exponencial como resultado de la pérdida de la virginidad.

Vaya por delante que no me gusta criticar los procesos y las dinámicas internas de otros partidos, pero no me puedo resistir a analizar un fenómeno nuevo en la política española, digno de ser estudiado. Espero que no se lancen en tromba los militantes de los partidos que se sientan interpelados por mis palabras, y tomen estas como el análisis de alguien que lo intenta hacer con toda la objetividad, aunque teniendo en cuenta mi afiliación política, es justo reconocer que no soy objetivo, como no lo es casi nadie, por no decir nadie, en este país. 

Observé con atención y admiración la capacidad de Podemos para atraer, inicialmente, a gran parte del descontento que se había manifestado previamente en los movimientos de indignados: habían conseguido convertir en votos los gritos de muchos ciudadanos que se habían lanzado a las calles. Es cierto que en los partidos tradicionales nos fue complicado, no porque no lo intentáramos, pero sí por la visión que tenían de nosotros los ciudadanos. De nada nos sirvió que abriéramos nuestros procesos de elaboración programática, que pusiéramos en marcha asambleas abiertas, que eligiéramos a nuestros candidatos por primarias, que aplicáramos la máxima transparencia a las cuentas de nuestra organización…. Algunos llegamos a la conclusión de que parte de los ciudadanos tenían puestas las orejeras ante nuestras palabras y, por mucho que hiciéramos y habláramos, no estaban dispuestos a escucharnos.

Una vez que Podemos ha accedido a las instituciones y ha perdido el atractivo de su virginidad inicial, ha llegado la prueba de fuego para este partido, y ha sido entonces cuando ha empezado a envejecer con gran velocidad: sus procesos de primarias tenían una bajísima participación y con acusaciones en algunos casos de irregularidades, sus dirigentes aplicaban en el parlamento las mismas actitudes y gestos que habían criticado previamente a los partidos tradicionales, se marcaron como prioridad los sillones a las soluciones, imponían vetos para evitar llegar a acuerdos con otras fuerzas, empezaron las divisiones internas y las dimisiones, cada cierto tiempo cambiaban sus posicionamientos ideológicos y sus propuestas, adaptándolas a las necesidades del momento,… entre muchas otras prácticas. 

Seguramente muchos de los militantes de Podemos empezarán a atacar mis palabras en las redes a través de los ejércitos que tienen montados para acabar con toda opinión que vaya en contra de su organización. Les recomiendo que no cometan la equivocación que cometieron antes otros partidos. Sería bueno que se parasen a pensar y a analizar los errores que han cometido en este tiempo. Todavía están a tiempo de conseguir que muchos de sus votantes no se sientan defraudados, pensando que su grito de indignación se podía convertir en soluciones políticas a través de su voto, y no ha sido así. 

Algunos me acusarán de no hacer autocrítica, viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro. A estos les diré que ya hice mi particular crítica al funcionamiento de los partidos, de los parlamentos y de los gobiernos… Hace más de tres años, publicando #DemoraciaHacker, en forma de enmienda a la totalidad de nuestro sistema. Tenía la esperanza de que la llegada de los nuevos partidos acelerara los cambios que considero imprescindibles, pero he comprobado que hasta ahora, para lo único que han servido es para trasladar los platós de televisión al Congreso de los Diputados, y poco más.

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